Llevo dos años con restos de verdura y posos de café. Lo que noto es que ya no bajo bolsas goteando al contenedor del portal: la fracción orgánica se queda en casa y sale convertida en humus para las macetas del salón.
Marta, piso de 48 m² en un cuarto sin terraza
Al principio me preocupaba el olor. Con la tapa bien ajustada y sin echar cocinados ni lácteos, no hay nada que huela. Lo que sí hay que respetar es no pasarse con la humedad: si el lecho se encharca, las lombrices suben y el proceso se frena.
Iván, cocina interior sin ventana directa
Lo elegí por el acabado mate, no voy a fingir lo contrario. Pero lo que me ha convencido es que el volumen esté pensado para una persona que cocina en casa: no se llena en tres días ni obliga a vaciarlo cada semana.
Nuria, piso compartido con dos compañeros